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El Trigo y la Cizaña
Conclusión
Este estudio ha estado tratando verdades muy desagradables y terribles. Ahora podemos comenzar a entender por qué Dios se refiere a este tiempo como tiempo de Gran Tribulación, cual nunca antes había sido experimentado en el mundo. En un tiempo cuando vemos iglesias llenas de Cristianos aparentemente felices y seguros en todo el mundo, se nos enseña que los hechos son totalmente diferentes. Hemos descubierto que ellas están llenas de cizaña. Hemos aprendido que a través de la era de la iglesia, la cizaña (o sea, los miembros no salvos de la iglesia) ha sido prácticamente indistinguible del trigo (es decir, los miembros salvos de la iglesia). Sin embargo, ahora que Dios ha establecido el mecanismo para separar el trigo de la cizaña, podemos comenzar a ver los resultados.
Por qué esta Acusación Terrible
Antes que finalicemos este estudio, todavía quedan algunas preguntas que deberían ser tratadas. Una pregunta importante surge cuando examinamos más detenidamente Hebreos 10:28 y 29, donde Dios declara:
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El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? |
Sabemos que todo pecado es rebelión contra Dios, y la ley perfecta de Dios demanda la condenación eterna como pago por uno o todos los pecados. Pero, ¿por qué el pecado voluntario de rehusar obedecer el mandamiento de Dios de abandonar la congregación local tendría que causar que Dios pronunciara el terrible lenguaje de Hebreos 10:29? Anteriormente en este estudio, notamos que la ira de Dios está sobre estos individuos que rehusan salir de las iglesias porque en realidad, nunca han llegado a ser salvos. Sin embargo, ¿no es cierto que la ira de Dios es la consecuencia de cualquier pecado?
¿Por qué el pecado de rehusarse a dejar la congregación local provoca que Dios use el lenguaje sorprendente que dice: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios...?”
¡Sin duda, si uno y todos los pecados son terribles, entonces por esta declaración, Dios está diciendo que el pecado de no abandonar la congregación al final de la era de la iglesia es formidablemente terrible!
Podemos encontrar una respuesta a esta pregunta al ir examinando, una vez más, la acusación de Dios registrada en Hebreos 6 y Hebreos 10. En Hebreos 6, Dios habla de la congregación que está crucificando de
nuevo al Hijo de Dios, exponiéndolo otra vez a la vergüenza. En Hebreos 10, la acusación de Dios está contra los individuos para quienes ya no queda más sacrificio por el pecado. Dios dice que ellos pisotean al Hijo del hombre, es decir, realmente ellos están declarando que Jesús es despreciable. Estas son acusaciones enormemente serias.
El horror de todo esto es que la congregación y los individuos en la congregación están bien familiarizados con la Biblia. Tal como aprendimos en Hebreos 6, ellos conocían los primeros principios de la verdad Bíblica. Como se indica en Hebreos 10, estos individuos están en una congregación en la cual el Espíritu Santo estuvo salvando gente. Ellos también tenían la Biblia completamente disponible para ellos.
En otras palabras, estas iglesias locales y los individuos miembros dentro de ellas estaban más cercanos al reino de Dios que quienes estaban fuera de la iglesia. Ellos se hallaban en “el lugar santo”, para usar el lenguaje de Mateo 24:15. Dios estaba en medio de ellos. A ellos se les enseñó muchas verdades de la Biblia. De todas las gentes del mundo, ellos eran los más informados acerca del Dios de la Biblia y de su programa de salvación.
El pecado de desobedecer la orden de Dios de salir de la iglesia revela una verdad terrible. Antes del final de la era de la iglesia, parecía que los individuos de Hebreos 10 y las congregaciones de Hebreos 6 eran fieles seguidores de Cristo. Pero ahora esto muestra que su confianza no era en Cristo. Era en la iglesia o en las profesiones de fe de la iglesia o en su bautismo en agua, etcétera. Ellos son revelados siendo como las siete mujeres de Isaías 4:1 quienes deseaban el nombre de Cristo pero querían su propio pan y vestido. Es decir, ellos afirmaban insistentemente que eran hijos de Cristo pero querían un evangelio cortado a su medida. De esta manera, en realidad, Cristo no era necesario para su salvación. Ellos creían que su salvación estaba provista adecuadamente si solamente seguían las normas declaradas por su iglesia o denominación.
Viene a nuestra memoria la enseñanza de Lucas 12:47-48, que dice:
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Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá |
Desafortunadamente, por medio de este estudio de la parábola del trigo y la cizaña, junto con las advertencias de Hebreos 6 y 10, ahora entendemos la seriedad dolorosa de la advertencia de Lucas 12:47-48. Dios está instruyéndonos de que los más grandes pecadores bajo la ira eterna de Dios no son las prostitutas, los asesinos, los ladrones del mundo. Más bien, son esos que están dentro de las congregaciones que están convencidos
que no necesitan obedecer el mandato de salir de la iglesia, mostrando así que nunca llegaron a ser salvos. ¡Qué terrible! ¡Qué espantoso!
No Debemos Juzgar a los Individuos
Un pensamiento más debería ser expresado. Es verdad que ahora estamos en el tiempo de la separación del trigo y la cizaña. Sin embargo, aquellos de nosotros que entendemos esto y nos damos cuenta de la realidad de esto, debemos asegurarnos de no comenzar a hacer juicios en relación a individuos que permanecen o que abandonan las iglesias.
Todos conocemos individuos que han oído la enseñanza de que tenemos que salir de la congregación, pero hasta aquí, ellos han estado rehusando hacerlo así. Debemos recordar que ningún humano puede ver el corazón de esa persona. Por dentro, él puede estar luchando con ese asunto y luego después de mucha oración y estudio de ese mandato, finalmente dejará la congregación.
Además, si alguien inmediatamente deja la iglesia, eso no prueba en sí mismo que sea verdaderamente salvo. Aun más, quizá hayan individuos en la iglesia que son elegidos de Dios pero en este momento, todavía no son salvos. Sabemos que ellos no llegarán a ser salvos en tanto que permanezcan dentro de la iglesia. Por lo tanto, de alguna manera, Dios debe sacarlos porque es solamente fuera de la iglesia que la salvación es posible.
Es verdad que ellos no recibirán ninguna guía espiritual de su iglesia. Esto es así porque Dios ha abandonado su iglesia. Sin embargo, cuando ellos oyen la verdad viniendo de fuentes fuera de su iglesia, Dios tendrá misericordia de ellos, si son elegidos de Dios. Ellos vendrán a la verdad y se darán cuenta que deben dejar su iglesia.
Aprendemos esto cuando examinamos la situación en las sinagogas en los tiempos de Pablo. Recuerde, cuando Jesús regresó al cielo, Dios trasladó la responsabilidad del Evangelio de la institución de la nación de Israel quienes adoraban en el templo y en las sinagogas. Desde ese tiempo, ninguno ha sido salvo por la predicación de los líderes de la sinagoga. Esta situación continúa hasta el día presente.
Sin embargo, fuera de las sinagogas, hubo iglesias a las cuales les fue dada la tarea de proclamar el Evangelio. Pablo, quien había sido un Fariseo, fue enviado a decir a aquellos en las sinagogas acerca del plan de salvación de Dios. Dios ya había asignado a las iglesias locales la tarea de diseminar el Evangelio. Mientras que la mayoría de las sinagogas persiguieron a Pablo por sus esfuerzos, algunos de los sacerdotes creyeron, así como algunos en las sinagogas de Tesalónica y Berea (Hechos 17:1-4, 10-12).
De la misma manera, en nuestros días, Dios ha trasladado el cuidado del Evangelio de las iglesias locales a individuos fuera de las iglesias. Sin embargo, mientras aquellos que están fuera comparten estas verdades con miembros de iglesia, o mientras miembros de iglesia escuchan programas
de radio tales como los ofrecidos por Family Radio, Dios puede obrar a través de estos esfuerzos para rescatar a quienes todavía están en las iglesias pero que deberían salir.
Desde luego, debemos admitir que la situación en las iglesias locales luce terrible. Muy pocos parecen estar preocupados por el mandato de dejar la iglesia. En realidad, la mayoría de la gente dentro de las iglesias parecen no tener ningún interés en siquiera comenzar a estudiar el asunto de dejar la iglesia. Y cada día que pasa es un paso gigantesco que nos acerca más al Día del Juicio final.
Sin embargo, a medida que las personas que se hallan dentro de las iglesias escuchan el Evangelio proclamado por quienes están fuera de las iglesias, esperamos que algunas de ellas que se encuentran dentro, serán salvas y saldrán de las iglesias locales.
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