El Trigo y la Cizaña





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Seguridad de Salvación

    ¿Cómo puedo saber con seguridad que he llegado a ser salvo? Esta tiene que ser la pregunta más importante que toda persona debe hacer. Para responder a esta pregunta, primero debemos descubrir lo que sucede precisamente en la vida de una persona en el momento cuando nace de nuevo.
    Hay tres acciones sumamente importantes de Dios mismo que son absolutamente necesarias antes de que alguien pueda experimentar la salvación. Estas tres acciones tuvieron que haber sido hechas para todas y cada una de las personas que llegan a ser salvas. No hay excepciones.

Escogidos de Dios

    La primera acción hecha por Dios a favor del individuo que El planea salvar es que antes de la creación del mundo, él tuvo que ser escogido de Dios. Dios escogió a todas y cada una de las personas a quienes eventualmente salvaría. Leemos en Efesios 1:3-5:

 

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.


    Cuando Dios se disponía a crear este mundo y sus billones de habitantes humanos, El miró a través de los corredores del tiempo y vio una masa miserable de humanidad que estaba en completa rebelión contra El. Aunque Dios creó a la humanidad como seres perfectos, creados a la imagen y semejanza de Dios, Dios sabía que la humanidad se rebelaría contra El.
    Leemos en Romanos 3:10-12:

 

Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.


    Sin embargo, a pesar de este desastre total, la rebelión de la humanidad contra Dios, Dios hizo una decisión de redimir a algunos de

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estos humanos rebeldes a fin de que ellos no tuvieran que pagar las consecuencias de su rebelión. Desde luego que las consecuencias son horrendamente terribles, porque la rebelión de la raza humana es horrendamente terrible.

Dios, desde antes de la fundación del mundo, escogió a quienes El quería tener para Sí mismo.

    Así que, Dios, desde antes de la fundación del mundo, escogió a quienes El quería tener para Sí mismo. Esta elección no tuvo nada que ver, en ninguna manera, con alguna acción o deseo de la humanidad. Dios declara en Romanos 9:15:

 

... Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca


    Aquellos a quienes Dios escogió para ser redimidos, es decir, para ser salvos, fueron entregados al Señor Jesucristo. Leemos en Juan 6:37:

 

Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.


    Sin embargo, algo tuvo que ser hecho por Jesús acerca de los pecados, para tener a estos escogidos como Su posesión eterna. La ley perfecta de Dios decretó que, debido a que la humanidad fue creada a la imagen de Dios, la ley de Dios demandaba que el castigo por los pecados de todos y cada uno de los individuos tiene que pagarse. Por lo tanto, aunque ellos fueron elegidos por Dios y dados a Cristo para que llegasen a ser Su posesión eterna, Cristo no los podría tener a menos que el castigo de sus pecados fuera pagado. Puesto que la ley de Dios decretó que la paga del pecado es la condenación eterna, efectivamente, aquellos que fueron escogidos y entregados a Cristo nunca podrían llegar a ser posesión de Cristo. Esto es verdad porque los escogidos estarían en el infierno para siempre jamás, pagando sus pecados.
    Eso nos lleva a la segunda acción dramática que Dios tomó a favor de aquellos que han llegado a ser salvos:

El Portador de los Pecados

    Cuando Dios vio el universo que El creó en el principio del tiempo, no había ninguno a quien Dios pudiese utilizar para llevar sobre sí la ira de Dios, a favor de aquellos que son elegidos o escogidos por Dios y dados a

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Cristo como posesión eterna. Hay versículos en Isaías y Ezequiel que nos enseñan esto. Sin embargo, la ley perfecta de Dios decretó que el castigo de condenación eterna debe ser pagado antes de que a cualquier individuo pueda permitírsele entrar al cielo santo de Dios. Todo aspecto de la ley perfecta de Dios tuvo que ser satisfecho perfectamente.
    Por consiguiente, en un acto de misericordia y amor sin paralelo, Cristo mismo vino a ser el portador de los pecados a favor de aquellos individuos que le han sido dados a El. Leemos en Isaías 53:6:

 

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.


El tuvo que ser el Sustituto que vino para llevar sobre Sí la maldición de Dios, en favor de aquellos individuos malditos a quienes El vino a salvar.

    Esta es la razón por qué Jesús tuvo que tomar una naturaleza humana. El estaba pagando el pecado del hombre. Por lo tanto, Cristo tuvo que convertirse en el Hijo del hombre, es decir, tuvo que convertirse en un ser humano a efecto de estar legalmente calificado para ser un sustituto o socio para los seres humanos que El vino a salvar. Esta es la razón por qué El tuvo que ir a la cruz. Cuando El pendía de la cruz, esa acción declaró y demostró al mundo que El fue hecho maldición. El tuvo que ser el Sustituto que vino para llevar sobre Sí la maldición de Dios, en favor de aquellos individuos malditos a quienes El vino a salvar. Leemos en Gálatas 3:13:

 

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).


    Esta es la razón por la que fue desamparado por Dios. El estar para siempre desamparado por Dios es una descripción del horror del infierno. Vemos esto en el grito de Jesús cuando estaba sobre la cruz clamando, y leemos en Marcos 15, versículo 34:

 

Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?


    Solamente porque Jesús era Dios y nunca cesó de ser Dios infinito, las horas de la experiencia de la cruz fueron el tiempo suficiente para pagar

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todos y cada uno de los pecados, de todos y de cada uno de los escogidos dados a Cristo. Ni un tan solo pecado de estas personas elegidas podría ser dejado sin pagar.
    Así que ahora hay muchos individuos en este mundo quienes, desde antes de la creación, fueron escogidos para salvación y quienes han sido dados a Cristo como posesión eterna. Sus pecados han sido total y eternamente cubiertos, porque Jesús se convirtió en su Salvador, pagando los pecados de ellos.
    Pero un acto más grande de parte de Dios es necesario. Estos individuos, que fueron escogidos para salvación, son humanos pecaminosos. Ellos no saben nada acerca de los planes de Dios para ellos. Al igual que el resto de la raza humana que nunca llegará a ser salva, ellos son esencialmente un cuerpo y un alma. Su cuerpo es esa parte de su personalidad que es enterrada al momento que mueren. Su alma es su esencia espiritual, la cual es una parte de su personalidad tan real como su cuerpo. Sabemos que su alma es completamente substantiva, real, porque en el caso de una persona salva, al momento de su muerte física, su alma deja su cuerpo y es llevada al cielo donde vive y reina con Cristo. Luego, en el fin del mundo, al volver Cristo, resucitará su cuerpo.
    Sin embargo, el individuo escogido ahora vive en este mundo como cualquier individuo que no es escogido para salvación. Leemos de él en Efesios 2:1-3:

 

Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.


    Antes que fuera salvo, en su cuerpo, él deseaba el pecado. Antes que fuera salvo, él estaba tan muerto espiritualmente como cualquier individuo que ha de terminar eternamente en el infierno, pagando sus pecados.
    Eso nos lleva al tercer acto gigantesco que Dios hace a favor de quienes Cristo vino a salvar.

El Milagro del Nuevo Nacimiento

    El tercer acto realizado por Dios a favor de quienes fueron dados a Cristo como posesión eterna, es que Dios lleva a cabo el milagro de dar a esa persona elegida una nueva alma resucitada. En respuesta a una pregunta de Nicodemo, leemos en Juan 3:5:

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Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.


    Antes de eso, dice en Juan 3, versículo 3:

 

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

    Ser nacido de agua y del Espíritu significa ser nacido del Evangelio (agua) por la acción de Dios Espíritu Santo. Dios habla de esta acción en Romanos 10:17, donde leemos:

 

Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.


Nadie en el mundo tiene la posibilidad de llegar a ser salvo a menos que oiga las palabras de Dios.

    En el orden divino, Dios estableció el ambiente en el cual salva a las personas. Ese ambiente es la Biblia, la cual es la Palabra de Dios única. Esta es la razón por qué nadie en el mundo tiene la posibilidad de llegar a ser salvo a menos que oiga las palabras de Dios. Y la única Palabra de Dios es la Biblia. Esa es la razón por qué a través de toda la era de la iglesia, Dios mandó a las congregaciones locales a llevar el Evangelio a todo el mundo. Esa es la razón por qué en nuestros días, nosotros, como individuos, tenemos que continuar sirviendo celosamente como embajadores de Cristo, llevando el Evangelio al mundo.
    Dios hace la obra completa de salvación, y por lo tanto, puede salvar a un individuo elegido en cualquier momento durante la vida de esa persona. El único requisito es que el individuo esté bajo el oír de la Biblia. Al momento de la salvación, Dios da a ese individuo oídos espirituales y una nueva alma eterna. De esta manera, un bebé puede ser salvo tan fácilmente como un adulto maduro. Una persona con la mente de dos años de edad puede ser salvo tan fácilmente como un profesor de la Universidad.
    Para esa persona elegida, Cristo ya ha pagado todos sus pecados. Lo que queda es que en cierto tiempo apropiado, conocido solamente por Dios, esta persona debe experimentar realmente el maravilloso hecho de la salvación.

Una Transformación Poderosa

    Ahora debe hacerse la pregunta: ¿Cómo afecta el momento de la salvación a esta persona? ¿Qué significa en su vida el hecho de que ha

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... a él se le ha dado una nueva alma resucitada.

nacido de nuevo? Recuerde que antes de que fuera salvo, en su personalidad completa, él era exactamente como la gente no elegida que nunca llegará a ser salva. Tanto en cuerpo como en alma, él deseaba el pecado y estaba en rebelión contra Dios. Pero ahora, se le ha dado una nueva alma resucitada. En esa parte de su personalidad, él es una nueva criatura en Cristo. Cuando nació físicamente, él era un bebé con una personalidad que consiste de un cuerpo y de un alma. Al momento de la salvación, él es nacido de nuevo. Se le da una nueva alma. Es un milagro que nuestras mentes humanas no pueden comprender. No hay evidencia física de esta transformación. Sin embargo, el resultado de esta transformación milagrosa del alma de una persona puede verse. El hecho de que una nueva alma está en el cuerpo no transformado de una persona, tendrá un serio impacto y cambiará el comportamiento de esa persona.
    Esto está probado por la declaración de Dios en I Juan 3:9, donde leemos::

 

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.


    En este versículo, Dios está enseñando que en el momento de la salvación, un cambio enorme ocurre en la personalidad del individuo. En su nueva alma resucitada, él no puede pecar. Puesto que el pecado es transgresión de la ley de Dios, esto significa que en su alma él no puede iniciar el pecado. En la parte de su personalidad que constituye su alma, él ama a Dios y a las leyes de Dios. El tiene un deseo enorme de ser obediente a todos los mandamientos de la Biblia.
    Pero en su nueva alma, él todavía tiene que vivir en su viejo cuerpo el cual no fue transformado en el momento de su salvación. Por lo tanto, él ha llegado a ser una sola personalidad con dos deseos mutuamente excluyentes. Por un lado, él siempre desea ser obediente a las leyes de Dios, y por el otro, él todavía desea el pecado. Esta situación molesta está descrita por Dios cuando el apóstol Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, declara en Romanos 7:21-24:

 

Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se

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rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?


    Estar libre de nuestro cuerpo pecaminoso es el deseo contínuo de todo creyente verdadero. Sin embargo, la lucha que sucede en la personalidad salva no es estática. Habrá progreso hecho cada vez más hacia la victoria del alma nueva resucitada. Esto será cierto porque otro suceso maravilloso ocurrió al momento de la salvación, y es que el Espíritu Santo de Dios habita ahora en la vida de esa persona. Leemos en Romanos 8:9 que si no tenemos el Espíritu de Dios, no somos de El.
    Nosotros no entendemos de ninguna manera cómo el Dios Todopoderoso puede habitar en la vida de una persona salva. Debemos admitir que es un misterio por completo para nosotros. Pero debido a que nosotros confiamos absolutamente en la Biblia, sabemos que esta verdad misteriosa debe ser cierta. La presencia residente de Dios mismo, en la vida y personalidad del creyente salvo, estimula más a esta persona a obedecer a Dios y a desear solamente aquello que complace a Dios.

Esta persona ha sido sacada del dominio de Satanás y se ha convertido en un ciudadano eterno del reino de Cristo.

    Además, esta persona ha sido sacada del dominio de Satanás y se ha convertido en un ciudadano eterno del reino de Cristo. Dios nos dice acerca de esto en Colosenses 1:13:

 

El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.


    En Filipenses leemos que nuestra República, es decir, nuestra ciudadanía, está en los cielos (Filipenses 3:20).
    De esta manera, en el momento de la salvación, muchos factores están obrando en la vida de aquél que ha sido salvo, y estos factores causan un cambio muy decidido e importante en la conducta y deseos del individuo salvo. El entenderá y se identificará con las declaraciones Bíblicas tales como aquellas que encontramos en el Salmo 119 y que se encuentran diseminadas por dondequiera en la Biblia.
    A continuación, unos cuantos ejemplos del bello lenguaje del Salmo 119 que demuestra el amor y respeto hacia la Biblia de parte del creyente verdadero:

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Versículo 10: Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos.

Versículo 11: En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.

Versículo 16: Me regocijaré en tus estatutos; No me olvidaré de tus palabras.

Versículo 24: Pues tus testimonios son mis delicias Y mis consejeros.

Versículo 47: Y me regocijaré en tus mandamientos, Los cuales he amado.

Versículo 77: Vengan a mí tus misericordias, para que viva, Porque tu ley es mi delicia.

Versículo 97: ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.


    Esta clase de declaraciones pueden hallarse a través de toda la Biblia. Y cualquiera que ha sido salvo realmente experimentará cada vez más y más estos deseos y motivaciones en su vida. De esta manera, él reconoce y se identifica con la verdad expresada en I Juan 2:3-5:

 

Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.


    El creyente verdadero sabe que los mandamientos de Dios incluyen la Biblia completa. El también conoce ese sentimiento terrible que experimenta cuando permite que los deseos pecaminosos de su cuerpo lo lleven a pecar. El se identifica con aquél verdadero hombre de Dios, David, quien cayó en pecado lamentable, y luego, bajo la inspiración del Espíritu Santo, dejó registrado su remordimiento sincero, del cual leemos en el Salmo 51, por ejemplo.

Temor y Temblor

    Un aspecto del carácter de la persona salva es su reconocimiento de la santidad y justicia de Dios y de la verdad de que Dios es el juez justo de toda la tierra. En Filipenses 2:12, Dios declara a través del apóstol Pablo:

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Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.


    La salvación en la cual el creyente debe “ocuparse” en su vida, es la salvación que Dios le ha dado. Mientras crece en la gracia (II Pedro 3:18), es decir, mientras deja de seguir los deseos pecaminosos de su cuerpo no salvo, y cada vez más vive para la gloria de Dios, él lo hace así con temor y temblor.
    Esta es una declaración sorprendente porque sería de esperar que, como resultado de nuestra salvación, todo temor de Dios fuera quitado. El continuar temblando y temiendo delante de Dios parecería ser totalmente extraño a la maravillosa seguridad que nos ha sido dada. Sin embargo, sabemos que Cristo ha pagado todos nuestros pecados y sabemos que nunca seremos amenazados por la posibilidad del infierno.

El es el Juez Todopoderoso que está completamente al tanto del pecado más pequeño en todos y cada uno de los seres humanos.

    Debemos recordar que el individuo salvo está habitado por el Espíritu Santo. Así que, él ha comenzado a amar y a respetar cada vez más todo lo que la Biblia enseña. El, por lo tanto, aprende y cada vez más llega a estar consciente de la grandeza de Dios. Dios es el Dios Todopoderoso que habló y trajo a la existencia este tremendo universo. El es el Juez Todopoderoso que está completamente al tanto del pecado más pequeño en todos y cada uno de los seres humanos. El es tan justo que aún el pecado más pequeño es suficiente para causar que una persona sea condenada eternamente. Y el creyente verdadero está consciente de que todavía tiene pecados, aunque ahora él sea dramáticamente más obediente a las leyes de Dios de lo que era antes de ser salvo. El creyente verdadero está completamente consciente de que, a no ser por la misericordia y la gracia de Dios, él también merece la condenación eterna.
    Una pobre ilustración de esto puede darse. Suponga que por su propia acción tonta e innecesaria, una persona se pusiera a sí misma en una situación extremadamente peligrosa. Por ejemplo, podríamos pensar en un niño jugando con fósforos. El impacto de esta acción es que provoca que la casa donde él vive se incendie totalmente. De milagro, a gran costo de su rescatista, el niño es salvado. Y durante muchos días siguientes, el niño tiene pesadillas al venirle a la mente su escape apenas por un pelo. Además, por el resto de su vida, él tendrá una fobia, es decir, un miedo enorme al

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fuego. Esta condición puede existir aunque ningún fuego vuelva a amenazarlo otra vez. Esto, por supuesto, es una pobre ilustración de la vida de alguien que ha llegado a ser salvo, pero puede ayudarnos a ver lo que Dios quiere decir cuando usa la frase “temor y temblor”.
    Por una parte, el creyente tiene un intenso amor y confianza en la Biblia, y sabe cada vez más que está eternamente seguro en Cristo, y sabe que nunca puede ser amenazado por el infierno. El sabe que todos sus pecados han sido cubiertos por Cristo. Por otra parte, cuanto más llega a familiarizarse con las enseñanzas de la Biblia, más reconoce la terrible ira de Dios que justamente merece en pago de sus pecados. El está consciente de que solamente la misericordia y la gracia de Dios fue lo que causó su salvación. Por lo tanto, tiembla en temor y asombro delante de Dios. El reconoce que su salvación fue totalmente inmerecida.
    Podemos entender el temor y el temblor aun más claramente cuando miramos I de Juan 4:18. Allí Dios declara:

 

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.


    Este versículo parece enseñar que, debido a que Dios ama al creyente verdadero, y el creyente verdadero ama a Dios, el creyente no debería temer a Dios ya más. Pero esa conclusión es contraria a los cientos de versículos Bíblicos que enseñan que el creyente verdadero debe temer a Dios. La palabra “temor” como se usa en este versículo, y muchos otros versículos que hablan del creyente temiendo a Dios, es una palabra que expresa miedo. Esto está enfatizado en este versículo donde Dios declara que “el temor lleva en sí castigo”.
    ¿Cómo podemos resolver esta contradicción aparente? La clave para la solución es la palabra “perfecto o perfeccionado” que se usa dos veces en este versículo. Recuerde que aprendimos que amar a Dios es guardar Sus mandamientos. En Juan 14, versículos 21 y 23 leemos:

 

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.


    Claramente, amar a Dios es obedecer sus mandamientos. Si pudiésemos guardar perfectamente Sus mandamientos, nosotros estaríamos ejerciendo el perfecto amor. De esta manera, si pudiésemos guardar perfectamente Sus mandamientos, no tendríamos razón para temer o temblar delante de Dios.

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    Desafortunadamente, en tanto que vivamos sobre esta tierra, en nuestros cuerpos pecaminosos presentes, cometeremos pecados. Indiferentemente de cuánto crezcamos en gracia, en nuestros cuerpos físicos nunca llegaremos al perfecto amor. Eso ocurrirá solamente cuando Cristo vuelva y nosotros recibamos nuestro cuerpo eterno resucitado.

Sin embargo, cuando pecamos siendo cristianos verdaderos esto debería llenarnos de temor y de terror.

    Sin embargo, cuando pecamos siendo cristianos verdaderos esto debería llenarnos de temor y de terror. Piénselo. El pecado es tan terrible que lleva consigo el castigo de condenación eterna. Es cierto, soy salvo y ese pecado ha sido pagado por Jesús mi Salvador. Sin embargo, es pecado que yo he cometido, y fuera de la misericordia de Dios, yo merezco la condenación eterna porque he cometido ese pecado. ¡Qué terrible que yo hiciera tal cosa! Y oro, “Oh, Dios, por favor obra en mí el querer y el hacer por tu buena voluntad, que yo no repita ese pecado. Oh, Dios, tiemblo en tu presencia al darme cuenta que, si no fuera por tu misericordia, yo debería ser echado en el infierno por ese pecado”.
    Las palabras que el amado de Dios, David, escribió, bajo la inspiración del Espíritu Santo, cuando cometió pecado, ilustran este principio. Todo el Salmo 51 debería leerse, pero citaremos sólo los primeros cuatro versículos:

 

Al músico principal. Salmo de David, cuando después que se llegó a Betsabé, vino a él Natán el profeta. Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad,Y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.


    ¡Gracias a Dios que, en nuestro temor, tenemos el conocimiento seguro de que si hemos llegado a ser salvos, aunque merecemos la ira de Dios, nunca la experimentaremos!
    De esta manera, tenemos que entender que un estilo de vida totalmente diferente y una actitud completamente diferente hacia Dios y hacia la Biblia, deben ser hallados en la vida de la persona salva a la que reside en la vida de la persona que no es salva. Tal como aprendimos antes, tanto la persona salva como la no salva, pueden aparentar ser salvas por fuera. El trigo y la cizaña son prácticamente indistinguibles.

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    A través de toda la era de la iglesia, casi todos en todas las congregaciones, confiaban en que las enseñanzas de su denominación estaban en armonía con la Biblia. Cuando fueron ofrecidas enseñanzas heréticas en la iglesia, los que eran el trigo así como los que eran cizaña, que confiaban en las enseñanzas históricas de su iglesia, procuraron excomulgar a los maestros heréticos. Si no tenían éxito en excomulgar a los maestros heréticos, aquellos que anhelaban las enseñanzas históricas que los padres de la iglesia habían declarado como fieles a la Biblia, abandonaban su iglesia local y formaban una nueva congregación. Esto sucedió dramáticamente durante la Reforma cuando varias denominaciones Reformadas fueron fundadas por quienes salieron de la iglesia Católica Romana.
    Sin embargo, muchas enseñanzas de la Biblia no fueron entendidas claramente por las iglesias locales, así que diferentes conclusiones fueron adoptadas por las diferentes denominaciones concernientes a los mismos temas Bíblicos. Por ejemplo, cada denominación decidió lo que creía ser la enseñanza Bíblica respecto a la naturaleza y práctica del bautismo en agua, y las enseñanzas Bíblicas acerca de llegar a ser salvo. Y no obstante, cada denominación estaba segura que su propia interpretación de estas doctrinas era la verdad Bíblica. Tanto los que eran trigo como los que eran cizaña en cada denominación pensaron, y fueron llevados a creer por sus propios teólogos, que la interpretación de su iglesia de estas doctrinas era completamente fiel a la Biblia.
    Consecuentemente, el trigo, es decir, los que temían y temblaban frente a la Palabra de Dios, fueron apaciguados y asegurados eficazmente por los líderes de sus iglesias de que todo estaba bien espiritualmente. Además, el trigo reconocía el hecho de que sus maestros y gobernadores espirituales fueron puestos en estas posiciones de liderazgo por Dios mismo. Por consiguiente, en sus iglesias, ellos creían que estaban obedeciendo todos los mandamientos de Dios.

Una Comprensión Grandemente Aumentada

En nuestros días, Dios está efectuando grandes cambios espirituales.

    Sin embargo, en nuestros días, Dios está efectuando grandes cambios espirituales. El mundo está muy cercano al Día del Juicio. Por lo tanto, la profecía de Daniel 12, versículo 9, está siendo cumplida, y allí Dios declara:

 

El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.


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    Esto significa que en el tiempo del fin, muchas verdades que siempre estuvieron residiendo en la Biblia, por fin comenzarían a ser entendidas por los creyentes verdaderos. Sin embargo, a través de toda la era de la iglesia, estas verdades no fueron entendidas de ninguna manera. Pero ahora que estamos cercanos al fin, Dios está quitando Su sello de muchas verdades que habían estado escondidas en la Biblia. Por primera vez, estamos aprendiendo verdades importantes tales como las siguientes:

    1. La Biblia da un calendario exacto de la historia, y cuando el calendario Bíblico se pone al lado de nuestro calendario moderno, muestra que la creación ocurrió en el año 11,013 A.C. Así mismo, el diluvio de los días de Noé ocurrió en el año 4990 A.C. (Vea el libro “¿Adán Cuándo?”, disponible en Family Radio).

    2. El cuarto mandamiento concerniente al día de Reposo era una ley ceremonial. (Vea “¿Domingo el Día de Reposo?”, disponible en Family Radio).

    3. Los mandatos concernientes al bautismo en agua y el servicio de comunión fueron también leyes ceremoniales. (Vea “El Bautismo, Lavamiento de nuestros Pecados”, disponible en Family Radio).

    4. El tiempo ha llegado cuando Dios ha terminado con el uso de la divina institución de las iglesias locales para evangelizar al mundo.

    5. Dios ha asignado a individuos que están totalmente fuera de las congregaciones locales la tarea de recoger la cosecha final de creyentes.

    6. A través de toda la era de la iglesia, Satanás estuvo en guerra contra las iglesias locales, sembrándolas con cizaña, que son los individuos que siguieron bajo su autoridad.

    7. Los verdaderamente salvos deben abandonar sus congregaciones locales. Fuera de las congregaciones locales, ellos deben continuar evangelizando a fin de que la iglesia invisible eterna continúe creciendo.

    8. Ahora estamos en ese tiempo de la Gran Tribulación mencionada en Mateo 24:21. Durante este tiempo, Dios ya no está obrando o gobernando en las congregaciones. Por lo tanto, la misericordia y la gracia de Dios ya no están mas en ellas.

    9. Una gran multitud, la cual nadie puede contar, está siendo salva durante el período de la Gran Tribulación. Ellos están siendo salvos en todo el mundo fuera de las iglesias locales.

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    10. El Juicio Final comienza con el juicio sobre las congregaciones locales mientras Dios ata a los no salvos dentro de estas iglesias a fin de prepararlos para enfrentar el trono de Dios en el último día.

    11. Durante el presente tiempo de Gran Tribulación, Dios está separando el trigo de la cizaña.

    12. Cuando una persona llega a ser salva, recibe un alma nueva resucitada en la cual ella no puede iniciar el pecado.

    13. La salvación requiere la sola acción de Dios. Ninguna persona puede hacer nada para iniciar su salvación o garantizar su salvación. La parábola histórica de la resurrección de Lázaro, citada en Juan 11, ilustra claramente el método de Dios de levantar a una persona espiritualmente muerta a la vida espiritual.

    14. El anticristo es Satanás mismo.

    Esta es una lista parcial de muchas verdades Bíblicas que no fueron enseñadas o fueron raramente enseñadas en las iglesias locales. Esto no significa que antes de nuestra época no existieran teólogos piadosos y espirituales que diligentemente escudriñaran la Biblia en busca de la verdad. Al contrario, a través de toda la historia, han habido hombres que laboraron diligentemente en las Escrituras a fin de entender la verdad Bíblica tan correctamente como fuera posible. Pero debemos recordar que Dios tiene un horario para revelar la verdad. Esos teólogos piadosos y devotos vivieron en un tiempo cuando estas verdades no estaban siendo reveladas. Por consiguiente, a pesar de sus deseos más diligentes de ser tan exactos como fuera posible concerniente a la verdad Bíblica, las verdades anteriormente mencionadas no fueron reveladas por el Espíritu Santo.

Esto coloca a los teólogos de la iglesia local presente y a los miembros de iglesia en una situación muy difícil.

    Ahora estamos cerca del tiempo del fin, y este es el tiempo cuando los sellos de Daniel 12:9 están siendo quitados por Dios. Por lo tanto, mucha verdad nueva está disponible. Pero esto coloca a los teólogos de la iglesia local presente y a los miembros de iglesia en una situación muy difícil. En la historia de su denominación, ninguna de estas verdades han sido expresadas o entendidas. Además, los seminarios que entrenaron a los pastores nunca han entendido estas verdades, y por consiguiente, nunca las han enseñado. Eso es lo que crea el mecanismo por medio del cual Dios separa el trigo de

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    la cizaña. Los verdaderos creyentes (es decir, el trigo), que aman sinceramente al Señor y desean ansiosamente ser obedientes a los mandatos de Dios, se enteran de estas verdades. Dios ya los ha preparado para interesarse en estas verdades porque simultáneamente, en sus propias denominaciones así como en otras denominaciones, ellos ven la indiferencia creciente hacia la autoridad de la Palabra de Dios.
    Por ejemplo, ellos están sobresaltados por la destrucción de la institución matrimonial de nuestros días. Ellos oyen y aun llegan a darse cuenta personalmente de un pastor o de un anciano que se divorcia de su esposa y luego se casa con alguien más. Además, ellos notan el número de personas en su iglesia que son divorciados. Toman nota de que las advertencias concernientes al Día del Juicio y sus consecuencias son raramente, o nunca, proclamadas. Notan que en muchas iglesias, y posiblemente en la de ellos, hay un cambio en la música, y que se pasa mucho más tiempo trayendo entretenimiento dentro de la iglesia, y notan y están preocupados por el uso de traducciones inferiores de la Biblia, como la Nueva Versión Internacional (NVI). Ellos están alarmados de que evangelios caracterizados por señales y prodigios se han diseminado por todo el mundo eclesiástico.
    Realmente, los que son verdaderamente salvos tienen toda la razón para creer que algo espantoso está sucediendo en el mundo eclesiástico. Ellos comienzan a escudriñar la Biblia en busca de respuestas. Debido a que son realmente salvos y que Dios está obrando en ellos el querer y el hacer por Su buena voluntad, Dios los mueve. Ellos comienzan a entender algunas de las verdades mencionadas anteriormente que hasta aquí habían estado selladas. A medida que aprenden estas nuevas verdades, y comprueban cada una para determinar su fidelidad a la Biblia, ellos se dan cuenta de que, realmente, el tiempo ha llegado cuando el juicio de Dios está sobre la casa de Dios. Además, al continuar ellos meditando estas cosas a la luz de la Biblia, se dan cuenta que deben abandonar su congregación local.
    A medida que los creyentes estudian sus Biblias y reciben ayuda en sus estudios Bíblicos de una fuente tal como Family Radio, ellos llegan a familiarizarse con el plan maestro de Dios. En efecto, descubren que esta apostasía de las iglesias locales fue predicha en la Biblia. Dios no tan solo profetizó que esto sucedería sino también Dios profetizó el tiempo cuando esto sucedería. Y así, ellos llegan a familiarizarse cada vez más con las enseñanzas de la Biblia concernientes a estos asuntos. Comienzan a reconocer claramente el hecho de que tienen que abandonar su congregación local. O, aun más que eso, si han estado expresando sus preocupaciones dentro de la congregación de la cual eran miembros, podrían ya haber sido expulsados. En cualquier caso, sea que hayan sido echados o salido voluntariamente, ellos saben que esto es lo que Dios ha ordenado. Y cuando están fuera, experimentarán una gran libertad espiritual. Ahora están completamente libres para servir fielmente al Señor como lo manda la Biblia.

Capítulo 5.
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Ya no puede haber ninguna presión sobre ellos para obedecer las doctrinas de la iglesia las cuales creen no ser totalmente fieles a la Biblia. ¡Qué libertad gloriosa es estar bajo la perfecta autoridad, y solamente la autoridad, de la Biblia!


CAPÍTULO 6