El Final de la Era de la Iglesia...y Después





Capítulo 8.     Más sobre la Gran Tribulación
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Capítulo 8.
Más sobre la Gran Tribulación

Escasez de Oír la Palabra de Dios

    Hemos aprendido que, en el plan predeterminado por Dios para el mundo, hemos finalmente llegado al tiempo que Dios llama el período de la Gran Tribulación. Es el tiempo cuando el trabajo de la iglesia corporal externa ha sido terminado. Ya no está siendo usada más por Dios para hacer el trabajo que le fue asignado hacer a ella como su principal esfuerzo. Ese trabajo es evangelizar al mundo. Por más de 1950 años, a pesar de que las iglesias y congregaciones han tenido muchas imperfecciones de fallas doctrinales, Dios las ha usado como un organismo divino, como institución bendecida por Dios, para extender el Evangelio en cada área del mundo.
    Pero ahora ha llegado el tiempo cuando la era de la iglesia ha llegado a su fin. El tiempo ha llegado para que otros completen la tarea de evangelización mundial. Y simultáneamente con el final de la era de la iglesia, Dios ha traído Su juicio sobre las iglesias. Por más de 1950 años Dios ha tolerado las doctrinas erróneas, del mismo modo que toleró los lugares altos de Israel en el Antiguo Testamento. Pero ahora Dios ha desatado a Satanás y por medio de sus engaños las iglesias en todo el mundo han llegado a ser apóstatas, siguiendo los deseos de los hombres y no de Dios. A Satanás se le ha sido permitido ordenar sus fuerzas para rodear Jerusalén y destruirla. Aprenderemos que los términos Jerusalén y Judea sólo pueden referirse a la iglesia corporal externa.
    Pero la pregunta tiene que hacerse una vez más: Si una iglesia sinceramente procura quitar todas sus doctrinas equivocadas (sus lugares altos), y si aun tiene creyentes verdaderos dentro de ella, ¿Por qué no puede continuar siendo una congregación viva bendecida por Dios?

El propósito principal de la iglesia es evangelizar.

    Una respuesta a esta pregunta tiene que ver con la naturaleza y propósito de la iglesia. El propósito principal de la iglesia es evangelizar. La predicación debe ser tal que, en primer lugar, aquellos que asisten a la iglesia, incluyendo a los niños, puedan oír el verdadero Evangelio y que Dios bendiga la Palabra

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en las vidas de quienes son oidores. De esta manera, muchos que son parte de esa iglesia podrían llegar a ser salvos. Además, el propósito fue enviar misioneros tanto localmente en sus ciudades, como también a todo el mundo
    Cuando esto fue hecho fielmente, el programa de Dios fue bendecir estas actividades, a efecto de que todos Sus elegidos pudieran ser salvos.
    Pero luego leemos en Amós 8:11:

He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oir la palabra de Jehová.

    El libro de Amós está hablando del mismísimo tiempo en el cual estamos viviendo hoy. Y este versículo es muy pertinente a este tiempo. Dios está hablando del hambre que habría de venir. No es hambre de pan o sed de agua. En lenguaje espiritual, el pan se identifica con Jesús. El es el pan de vida. El agua tiene que ver con el verdadero Evangelio. De esta manera, Dios está declarando que este no es un tiempo cuando hay hambre de la declaración del verdadero Evangelio. Es decir, dentro de las iglesias existentes hoy, puede ser que todavía hayan pastores que prediquen fielmente el verdadero Evangelio a sus congregaciones. Quizá todavía hayan misioneros enviados por estas iglesias fieles, que siguen llevando el Evangelio a los perdidos del mundo.
    Sin embargo, es la frase siguiente la que es tan funesta, hambre de oír la palabra de Jehová” ¿Por qué es tan funesta? Debemos recordar que hay dos ingredientes muy importantes en el plan de Dios para salvación de los elegidos. En primer lugar, ellos tienen que estar alimentándose por medio de oír la Palabra de Dios. La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios (Romanos 10:17).
    En segundo lugar, Dios debe aplicar esa Palabra fiel a los corazones de aquellos a quienes El planea salvar. Dios abrió el corazón de Lidia (Hechos 16:14). Es decir, si Dios va a salvar a alguien, tiene que darle a esa persona oídos espirituales para oír la Palabra hablada.
    Jesús, por ejemplo, siendo el predicador por excelencia, declaró el Evangelio durante tres años y medio. Sin embargo, al final de su ministerio, habían solamente 120 creyentes en Jerusalén y poco más de 500 en Galilea. Y muchos de esos ya eran salvos antes que Cristo comenzara a predicar. Jesús nos dice la razón de esto, en Mateo 13:13, 14:

Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la

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profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo, veréis, y no percibiréis.

    Por tres años y medio, allí había estado la predicación más fiel posible, pero Dios no estaba aplicando esa Palabra a los corazones de quienes la estaban escuchando. Pero cuando Pedro predicó un sermón en Pentecostés, cerca de 3,000 fueron salvos. Obviamente, no es tan sólo la fiel predicación la que usa Dios como medio para salvar a la gente. También requiere que el Espíritu Santo aplique esa Palabra a los corazones de quienes El planea salvar.

El Espíritu Santo es Quitado de En Medio

    La Biblia aborda esta cuestión desde un punto de vista diferente en II Tesalonicenses 2:3-12. Allí Dios está hablando del tiempo cuando el hombre de pecado se sentará en el templo de Dios y será adorado como Dios. El hombre de pecado solamente puede ser Satanás. Es llamado hombre porque está simbolizado por el rey de Babilonia. Isaías 14 profetiza que el rey de Babilonia, quien es también llamado Lucifer, iba a desear ser como el Altísimo (Isaías 14:14). También declara que él deseaba sentarse, es decir, reinar, sobre el monte de la congregación (Isaías 14:13).
    Este deseo de Satanás (Lucifer) fue cumplido durante el tiempo de la Gran Tribulación del mismo modo que lo declara II Tesalonicenses que el hombre de pecado se sentaría (reinaría) en el templo de Dios.
    Volviendo a II Tesalonicenses 2, leemos en el versículo 7, el cual advierte:

Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio.

    Muchos eruditos bíblicos han interpretado correctamente que “quien al presente lo detiene” se trata del Espíritu Santo. La expresión “Ya está en acción el misterio de la iniquidad” nos dice que siempre ha habido pecado o iniquidad en el templo (las iglesias del Nuevo Testamento). Pero este misterio de iniquidad ha sido detenido por Dios, atando a Satanás (Apocalipsis 20:2).
    Sin embargo, llegaría el tiempo cuando esta atadura, que no puede ser otro que el Espíritu Santo, sería quitada de en medio. La pregunta es: ¿de qué medio está siendo quitado el Espíritu Santo para permitir a Satanás gobernar en las iglesias y congregaciones?

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    Obviamente, la única posibilidad es que el Espíritu Santo sería quitado de en medio del templo.
    En Mateo 18:20, la Biblia declara:

Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

    Este versículo está anticipando la estación de la era de la Iglesia cuando Dios estaría presente en medio de los creyentes, sin importar si fueren unos pocos. En Juan 14:17, Jesús anticipó esta condición durante la era de la iglesia, declarando:

El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

    En este versículo, Jesús está anticipando Pentecostés, cuando el Espíritu Santo estaría en medio de los creyentes.
    Debemos recordar que el Espíritu Santo siempre está presente dentro de la vida del verdadero creyente. Romanos 8:9 nos informa que si no tenemos el Espíritu, no somos de El. A lo largo de toda la historia, una característica de un creyente verdadero es que al momento de la salvación, queda habitado por el Espíritu Santo. No obstante, en Juan 14:17, Jesús se refiere a la situación que existía durante el ministerio de Jesús. Mientras que los creyentes verdaderos fueron habitados por el Espíritu Santo, éste no estaba en ellos en el sentido de estar en medio de ellos para salvarlos. Sabemos que esto es cierto porque ya antes en nuestro estudio, aprendimos que tan solo unas pocas personas fueron salvas durante el tiempo del ministerio de Cristo. Juan 14:17 declara luego que El “estará en vosotros”. Es decir, cuando el Espíritu Santo fué vertido en Pentecostés, el Espíritu Santo estaba en medio de los creyentes a fin de salvar.
    En I Corintios 3, la Biblia habla acerca de la construcción del templo. Dentro hay oro, plata, y piedras preciosas (los creyentes verdaderos). Pero también dentro del mismo hay madera, heno, y hojarasca (aquellos que creían que eran salvos obviamente no lo eran).
    En I Corintios 3:16, Dios habla del templo, siendo formado por muchos individuos:

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

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    La palabra “sabéis” es plural. Es decir, el templo consiste de muchos individuos que juntos son el templo. El versículo continúa declarando que “el Espíritu de Dios mora en vosotros”. Una vez más, la palabra “vosotros” es plural, indicando, por tanto, que el Espíritu de Dios habita en las congregaciones al ser usadas por Dios para evangelizar.
    Como aprendimos anteriormente, cuando Jesús predicó, muy pocos fueron salvos. Durante el tiempo que Jesús predicó, el Espíritu Santo no estaba en medio de los creyentes para aplicar la Palabra en las vidas de los no salvos. Pero en Pentecostés, el Espíritu Santo fue derramado, y cerca de 3,000 fueron salvos, y desde entonces, en la época del Nuevo Testamento, las personas son salvas a medida que el Evangelio se envía.
    Sin embargo, II Tesalonicenses 2 señalaba que vendrá un tiempo cuando el Espíritu Santo será quitado de en medio. Debemos entender entonces que el Espíritu Santo será quitado del templo. Es decir, El mismo se quitará de las congregaciones y denominaciones que formaron parte del templo de Dios.

Debemos entender entonces que el Espíritu Santo será quitado del templo.

    La presencia del Espíritu Santo es para guiar la obra de la iglesia. Mucho más importante, El está para aplicar la Palabra de Dios a medida que ésta es predicada fielmente a los corazones de quienes Dios ha elegido para salvación.

El Espíritu Santo Detiene a Satanás

    Pero la pregunta debe hacerse: ¿Por qué Dios habla de aquél (el Espíritu Santo)que detiene siendo quitado de en medio? Podemos encontrar la respuesta si examinamos la parábola del Sembrador. Recuerde que la semilla era la Palabra de Dios. La semilla cayó al lado del camino, y vinieron las aves y la comieron (Lucas 8:5). Jesús explicó el significado de esto en Lucas 8:12.

Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven.

    Cuando Satanás ha tomado su asiento (llega a ser el gobernador) en el templo (las iglesias y congregaciones) y el Espíritu Santo ya no está más en medio de la congregación, ya no hay nadie más que detenga a Satanás de

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quitar la Palabra de Dios, no importa cuán fielmente sea predicada, de los corazones de los oyentes, para que no crean y se salven. Por consiguiente, si el Espíritu Santo ya no está obrando en la iglesia, significa que nadie puede ser salvo como resultado de la predicación en esa iglesia. Esto se debe a que Dios ya no está presente para aplicar la Palabra a los corazones de los no salvos. Realmente, el candelero ha sido quitado, y esa es la razón por qué a los creyentes se les ordena salir de Judea y Jerusalén. Esto es así aunque todavía haya abundante pan y agua espiritual, todavía hay predicación fiel.
    Ahora podemos entender más claramente el versículo 19 de Mateo 24, donde leemos:

Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días!

    La verdad terrible es que los hijos nacidos en esa congregación pueden estar bajo la escucha de buena predicación, pero si el Espíritu Santo no está en medio de esa congregación, no serán salvos. Esa familia tiene un problema serio que puede remediarse solamente si abandonan la congregación. Ahora podemos entender los versículos tristes registrados en Lamentaciones 2:11, 12, que dicen:

Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron mis entrañas, mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo. Cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad. Decían a sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino? Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad, derramando sus almas en el regazo de sus madres.

    Estas palabras lastimosas son parte de un lamento que el Espíritu Santo habló a través de Jeremías cuando Judá estaba experimentando el juicio de Dios enseguida de la muerte del Rey Josías en el año 609 A.C.
    “¿Dónde está el trigo y el vino?” El trigo y el vino son palabras que señalan hacia el Evangelio. Jesús es el pan de vida. El ha provisto su sangre (el vino) para nuestra salvación. Pero ahora no hay trigo y vino, no es posible la salvación. Esto se debe a que hay una carestía de escuchar la Palabra de Dios. El Espíritu Santo ya no está obrando más en las congregaciones.
    El verdadero Evangelio todavía puede ser predicado fielmente. Aquellos que son salvos pueden creer que están experimentando bendiciones, ¿pero qué de los infantes y los niños? Si el Espíritu Santo no está aplicando la

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Palabra de Dios para darle a esos niños oídos espirituales, estos permanecerán muertos espiritualmente. ¡Qué terrible es esto! Esta es una verdad espantosa que los padres deben enfrentar. Si ellos en verdad aman a sus hijos y están orando por su salvación, deben de considerar este problema muy seriamente.

Jeremías está Hablando de las Iglesias de Nuestros Días

    El libro de Jeremías ha estado en la Biblia por más de 2,000 años. Sin embargo, es un libro al cual la mayoría de pastores y maestros bíblicos le han dado poca o ninguna atención. Esto es resultado del mismo carácter negativo de la mayor parte del libro. También es resultado del hecho que gran parte de este libro era difícil de entender. Esto se debió al hecho de que este, como muchas otras partes de la Biblia, enseña verdades concernientes al mismísimo fin del mundo. Hemos aprendido que hay partes de la Biblia que han sido sellados hasta el fin del tiempo. Es decir, Dios no dará a los creyentes verdaderos una comprensión clara del mensaje del Evangelio contenido en estos pasajes hasta que hayamos llegado muy de cerca al fin del mundo.
    Esta es la situación que prevalece en el libro de Jeremías. Descubriremos que casi todo el libro señala hacia el tiempo de la Gran Tribulación de nuestros días. Ciertamente el libro registra las experiencias de Judá en el tiempo cuando fue destruida por Babilonia en el año 587 A.C. Pero descubriremos que la destrucción de Judá fue dada como ejemplo o como ilustración de lo que la iglesia puede esperar durante la Gran Tribulación de nuestros días.
    Hay por lo menos tres pruebas en el libro de Jeremías cuyo enfoque es principalmente en nuestros días.

La Primera Prueba

    La primera de esas pruebas se halla en el lenguaje de Jeremías 2:2, donde leemos:

Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de tí, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada.

    Este versículo está hablando de una Jerusalén que estaba en el desierto, en una tierra no sembrada. Sabemos que el antiguo Israel estuvo en el desierto por 40 años inmediatamente después que salió de Egipto. Este

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versículo enfatiza que en su estadía en el desierto, hubo una conducta espiritual magnífica que fue evidente y que Dios recuerda. “Me he acordado de tí, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio”. La palabra “juventud” ciertamente puede aplicarse a Israel en el desierto. Ese fue el tiempo cuando primeramente fue formado como congregación. Lo mismo es cierto de la palabra “desposorio”. Es una palabra que se identifica con el principio de un matrimonio. La Biblia claramente enseña que Dios se casó espiritualmente con Israel.
    ¿Pero qué acerca de las palabras “fidelidad” y “amor”? ¿Enseña la Biblia en algún lugar que esos atributos alguna vez fueron evidentes cuando Israel estuvo en el desierto? La palabra hebrea traducida “fidelidad” es también frecuentemente traducida en la Biblia como “misericordia”, “bondad”, y “benignidad”. ¿Habla la Biblia en algún lugar de la misericordia, la bondad, y la benignidad de Israel cuando estuvo en el desierto? Esta es una palabra que debe identificarse con los verdaderos creyentes. La realidad es que, en toda la Biblia, esta palabra muy a menudo se atribuye a Dios mismo.
    Por más que indaguemos, no podemos encontrar por ningún lugar en la Biblia donde esta palabra se asocie con Israel en el desierto. La realidad es que constantemente leemos de Israel quejándose y rebelándose contra Dios. Hebreos 3:17-19 resume la condición espiritual de Israel en el desierto. Allí leemos:

¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.

    En Números 14:29, 30 Dios nos asegura que esto incluía prácticamente a la nación entera. Estos versículos nos dicen:

En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun.

    De esta manera, nos preguntamos acerca de la frase registrada en

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Jeremías 2:2: “Me he acordado de tí, de la fidelidad de tu juventud”. Seguramente no parece aplicarse a Israel durante sus 40 años en el desierto.
    El mismo problema se aplica a la frase “del amor de tu desposorio”. En ningún lugar hallamos el concepto del amor de Israel hacia Dios en conexión con sus 40 años de estancia en el desierto.

Las Iglesias son Jerusalén

    ¿Entonces cómo debemos entender Jeremías 2:2? ¿Qué otra Jerusalén había allí a la cual Jeremías debería llorar? ¿Qué otra Jerusalén se identifica con el desierto? Hay una respuesta bíblica a estas preguntas. Recuerde que aprendimos antes en nuestro estudio que las iglesias y congregaciones de nuestro día son llamadas Jerusalén. Recuerde que ellas están compuestas por los creyentes verdaderos, a quienes se les llama la Jerusalén de arriba en Gálatas 4, y en I Corintios 3 son llamados oro, plata, y piedras preciosas. Estas iglesias también tienen dentro de ellas la Jerusalén que es ahora, y está en esclavitud junto con sus hijos (Gálatas 4:25). Estos son quienes están dentro de las iglesias, todavía bajo la esclavitud del pecado. Ellos se identifican con la madera, heno y hojarasca, de I Corintios 3.
    Esta Jerusalén tuvo su principio al comienzo de la era de la iglesia. Esta es la Jerusalén que se identifica con la mujer de Apocalipsis 12 quien habita en el desierto (Apocalipsis 12:6, 14).
    Sin embargo, si las iglesias que existieron a través de toda la era de la iglesia son la Jerusalén que se tiene en consideración en Jeremías 2:2, ¿pueden las otras declaraciones, “la fidelidad de tu juventud, el amor de tu desposorio”, de este versículo relacionarse apropiadamente?
    La verdad es, que estas declaraciones van perfectamente acordes con la Jerusalén que se identifica con la era de la iglesia. ¿Cuándo estuvo la era de la iglesia en su juventud? ¿Y cuál fue su condición espiritual en sus comienzos? Sabemos que la era de la iglesia comenzó inmediatamente a continuación de la resurrección de Cristo. Al examinar las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3, vemos su condición espiritual cuando la era de la iglesia todavía estaba en su juventud. Apocalipsis 2:2,3 declara:

Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.

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    Apocalipsis 2:4 nos informa que había amor hacia Dios en la iglesia primitiva:

Pero tengo contra tí, que has dejado tu primer amor.

    En Apocalipsis 2:9, 19 y 3:8, 10 se hallan declaraciones adicionales indicando la fidelidad de la iglesia primitiva:

Apocalipsis 2:9: Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás

Apocalipsis 2:19: Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras.

Apocalipsis 3:8: Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.

Apocalipsis 3:10: Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.

    ¿Podemos decir, entonces, que ellos estaban unidos, es decir, casados con Cristo? Ellos no estaban casados con El como una representación física externa corporal del reino de Dios, sino que dentro de la iglesia habían tanto creyentes como no creyentes, la Jerusalén de arriba y la Jerusalén que ahora es. Aquellos que eran creyentes verdaderos son la novia de Cristo. Estaban adheridos a Cristo. Ellos eran quienes podían identificarse con la bondad y el amor.
    Esta iglesia joven aun no había sido sembrada, como lo indica Jeremías 2:3. Precisamente estaba tomando forma pero aun no había ido a todo el mundo a sembrar las semillas del Evangelio.
    De esta manera, tenemos que llegar a la conclusión inevitable de que el libro de Jeremías es dirigido a la época de la iglesia y su final. Jeremías 2:2 no tiene posibilidad de identificarse con el antiguo Israel en el desierto.

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Una Segunda Prueba

    Además, Dios nos da pruebas adicionales de que el libro de Jeremías está principalmente centrado en las iglesias y congregaciones del final de la era de la iglesia. En Jeremías 3:3, leemos:

Por esta causa las aguas han sido detenidas, y faltó la lluvia tardía; y has tenido frente de ramera, y no quisiste tener vergüenza.

    La palabra clave en este versículo es la palabra lluvia “tardía”. En este estudio del fin de la era de la iglesia, repetidamente hemos visto que las palabras “lluvia tardía” se enfocan en la estación espiritual final de la predicación del Evangelio en todo el mundo. Así, cuando este versículo está indicando que no ha habido lluvia tardía, solamente puede referirse a la sequía espiritual de oír la Palabra de Dios que vino inmediatamente de que Satanás fuera desatado al final de la era de la iglesia y la lluvia tardía no había comenzado aún. Recuerde que la lluvia tardía es la proclamación final del Evangelio en el mundo durante la última parte de la Gran Tribulación. Así que, por este lenguaje de Jeremías 3:3 otra vez más nos aseguramos de que el libro de Jeremías, primero que todo, tiene en mente el final de la era de la iglesia.

Una Tercera Prueba

    Hay otra verdad muy importante que debemos ahora examinar, la cual podemos aprender de un estudio de esta tribulación de 70 años de la nación de Judá. Esta verdad es que la Biblia muestra claramente que esta tribulación de 70 años está identificada con el fin del mundo. Así, esta es una tercera prueba de que el libro de Jeremías está primeramente centrado sobre la Gran Tribulación de nuestros días.
    El capítulo 25 de Jeremías nos muestra esta verdad. Al ir examinando Jeremías 25, encontraremos que el tiempo y la causa para el juicio al fin del mundo están vinculados fuertemente con el juicio de Dios sobre las iglesias y congregaciones que habían sido comisionadas para llevar el Evangelio al mundo.
    En Jeremías 25:3-7, Dios da la advertencia y prepara el escenario para lo que va a seguir:

Desde el año trece de Josías hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, que son veintitrés años, ha venido a mí palabra de Jehová, y he hablado desde temprano y sin cesar; pero no oísteis.

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Y envió Jehová a vosotros todos sus siervos los profetas, enviándoles desde temprano y sin cesar; pero no oísteis, ni inclinasteis vuestro oído para escuchar cuando decían: Volveos ahora de vuestro mal camino y de la maldad de vuestras obras, y moraréis en la tierra que os dio Jehová a vosotros y a vuestros padres para siempre; y no vayáis en pos de dioses ajenos, sirviéndoles y adorándoles, ni me provoquéis a ira con la obra de vuestras manos; y no os haré mal. Pero no me habéis oído, dice Jehová, para provocarme a ira con la obra de vuestras manos para mal vuestro.

    Habiendo dado la advertencia, Dios declara luego lo que va a suceder. Jeremías 25:8-9 pasa a advertir:

Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por cuanto no habéis oído mis palabras, he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua.

    Note por favor el carácter de esta advertencia. A causa del rechazo de Judá en obedecer, Dios no tan sólo va a llevar al rey de Babilonia contra Judá, sino que también va a llevarlo contra todas las naciones de alrededor. Más adelante en Jeremías 25, aprenderemos que la expresión “todas las naciones” incluía a todas las naciones del mundo entero.
    La segunda verdad que aprendemos de este versículo es que este juicio va a resultar en total y perpetua, es decir, eterna destrucción. El término destrucción “perpetua” o “para siempre” se identifica con el fin del mundo y con el lago de fuego.
    El versículo 10 a continuación declara:

Y haré que desaparezca de entre ellos la voz de gozo y la voz de alegría, la voz de desposado y la voz de desposada, ruido de molino y luz de lámpara.

    Las frases “la voz de gozo”, “la voz de alegría, la voz de desposado” y “la voz de desposada, ruido de molino y luz de lámpara”, todas se identifican con el verdadero Evangelio. Históricamente , estas frases se identifican con

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la tierra de Judá y Jerusalén, las cuales habían sido totalmente destruidas. Sin embargo, antes aprendimos que Judá y Jerusalén, al acercarse el final de los tiempos, tan sólo pueden referirse a la evidencia externa del reino de Dios, tal como se encuentra en las iglesias y congregaciones. En ellas hay escasez de oír la Palabra de Dios porque el Espíritu Santo ya no está en medio de ellas.
    Continuando con Jeremías 25, la profecía de este capítulo se relaciona con los 70 años que estamos estudiando ahora, y leemos en los versículos 11-13:

Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años. Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación por su maldad, ha dicho Jehová, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desiertos para siempre.Y traeré sobre aquella tierra todas mis palabras que he hablado contra ella, con todo lo que está escrito en este libro, profetizado por Jeremías contra todas las naciones.

    En estos versículos aprendemos que el rey de Babilonia reinará sobre todas las naciones durante los 70 años completos, pero al final de los 70 años, vendrá juicio sobre Babilonia. Y una vez más se nos enseña que este juicio vendrá sobre todas las naciones.
    En los versículos 15-17, Dios reitera que el juicio vendrá sobre todas las naciones. Dios dice en los versículos 15-17:

Porque así me dijo Jehová Dios de Israel: Toma de mi mano la copa del vino de este furor, y da a beber de él a todas las naciones a las cuales yo te envío. Y beberán, y temblarán y enloquecerán, a causa de la espada que yo envío entre ellas. Y tomé la copa de la mano de Jehová, y di de beber a todas las naciones, a las cuales me envió Jehová:

    Note, por favor, la frase “todas las naciones”. Esta es una verdad muy importante y sobresaliente. Es así porque el juicio sobre todas las naciones sucede en el fin del mundo. Por lo tanto, podemos estar seguros que Jeremías 25 está enfocando particularmente el tiempo del fin del mundo.

El Fin del Mundo

    Para decirlo un poquito diferente, el lenguaje de Jeremías parece estar

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hablando de los 70 años comprendidos desde el 609 A.C. hasta el 539 A.C., pero en realidad, está hablando acerca del fin del mundo. Al hablar del fin del mundo, usa las experiencias de Judá, Jerusalén, y Babilonia para ayudarnos a comprender el programa de Dios para el fin del mundo.
    Al seguir estudiando Jeremías 25, vemos que el juicio a que Dios se refiere comienza con Su juicio sobre Jerusalén y Judá. El versículo 18 profetiza:

a Jerusalén, a las ciudades de Judá y a sus reyes, y a sus príncipes, para ponerlos en ruinas, en escarnio y en burla y en maldición, como hasta hoy;

    Veremos que los versículos 18 al 26 detallan el plan de Dios para el juicio, pero comienza con juicio sobre Jerusalén y Judá. Antes aprendimos que la única entidad que puede identificarse con Jerusalén son las iglesias y congregaciones de nuestro día, la cual es representación externa, física, del reino de Dios. Por tanto, Jeremías 25:18 está dando la misma verdad que encontramos en I Pedro 4:17, donde leemos: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios”. Se nos está asegurando que cuando el juicio caiga sobre las iglesias y congregaciones, este juicio va a ir en transición hasta convertirse en juicio final sobre el mundo entero.
    Jeremías 25:18 continúa diciendo que Jerusalén y Judá se convertirán en ruinas y maldición. Esto armoniza con el lenguaje de II Tesalonicenses 2 donde Dios señala que el hombre de pecado (Satanás) se sentará (gobernará) en el templo (las iglesias y congregaciones). Al mismo tiempo, II Tesalonicenses 2 enseña que quien detiene (el Espíritu Santo detiene el pecado), será quitado de en medio. Es decir, dentro de las iglesias, Dios el Espíritu Santo ya no estará aplicando la Palabra de Dios a las vidas de quienes estén presentes. Habrá una escasez de oír la Palabra de Dios.

Todas Las Naciones Han de Beber de la Ira de Dios

    Jeremías 25 pasa a detallar a muchas naciones del mundo de la época de Jeremías como ilustración de todas las naciones del mundo que existirán al final de los tiempos. La verdad que esto es tan claramente visto mediante el lenguaje preciso del versículo 26:

a todos los reyes del norte, los de cerca y los de lejos, los unos con los otros, y a todos los reinos del mundo que están sobre la faz de la tierra; y el rey de Babilonia beberá después de ellos.

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    Nadie puede argüir contra la frase en este versículo: “y a todos los reinos del mundo que están sobre la faz de la tierra”. Sin lugar a dudas, esta es una referencia al juicio final cuando Cristo venga en el fin del mundo.
    Este versículo concluye con la declaración: “y el rey de Babilonia beberá después de ellos”. Hemos aprendido que el rey de Babilonia tipificaba a Satanás a quien Dios desata cerca del fin del tiempo para preparar a las iglesias y al mundo para el Día del Juicio. En el Día del Juicio, Satanás será lanzado al lago de fuego junto con los no salvos que hayan sido juzgados y hallados culpables.
    La certeza de este juicio está enfatizado por el lenguaje de Jeremías 25:27:

Les dirás, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Bebed, y embriagaos, y vomitad, y caed, y no os levantéis, a causa de la espada que yo envío entre vosotros.

    Este es el lenguaje de la condenación eterna.

El Juicio Comienza en la Casa de Dios

    Al continuar examinando Jeremías 25, leemos dos versículos muy significativos. Son los versículos 28 y 29:

Y si no quieren tomar la copa de tu mano para beber, les dirás tú: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tenéis que beber. Porque he aquí que a la ciudad en la cual es invocado mi nombre yo comienzo a hacer mal; ¿y vosotros seréis absueltos? No seréis absueltos; porque espada traigo sobre todos los moradores de la tierra, dice Jehová de los ejércitos.

    En estos versículos, Dios está dando Su explicación razonada de por qué el juicio ha comenzado por la casa de Dios. Está declarando que, en Su perfecta justicia, El traerá juicio sobre la ciudad que es llamada por Su nombre. La ciudad que es llamada por Su nombre son las iglesias y las congregaciones que por más de 1950 años fueron la representación exterior del reino de Dios en esta tierra. Esta es donde los Cristianos se encuentran. “Cristiano” es una palabra que significa “de la familia de Cristo”. Esta es la entidad que es llamada el lugar santo. Esta es la institución divina dentro de la cual el Espíritu Santo estaba presente. Este es el organismo santo que Dios usó para evangelizar al mundo.

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Este es el organismo santo que Dios usó para evangelizar al mundo.

    Desde el punto de vista del hombre, parecería que este sería el último lugar donde el juicio de Dios caería. Después de todo, en las iglesias que presentan a Jesucristo como Salvador, encontramos que la mayoría de la gente son buenos ejemplos de moralidad decente que pretenden poner su confianza en Cristo y que están dispuestos a obedecer a Cristo.
    Pero Dios está demostrando la perfección de Su integridad santa y Su justicia perfecta. Nosotros, por supuesto, podemos ver esto en la expiación cuando Jesús fue castigado en una medida absolutamente igual, en armonía con lo que era demandado por la justicia de Dios, aquello que debería haber sido experimentado por quienes El vino a salvar. Ahora una vez más, Dios está demostrando Su justicia perfecta al mostrar El, en Su rectitud perfecta, que nadie puede escapar de Su justicia perfecta. Incluso aquellos que se han identificado tan cercanamente con el reino de Dios que son llamados Cristianos, o que han parecido vivir tan rectamente delante de Dios, si ellos no son salvos, todavía se hallan bajo la ira de Dios. Incluso el organismo divino, la iglesia, de la cual son miembros, no puede escapar de la ira de Dios.
    Dios en Su rectitud perfecta demuestra Su perfecta integridad al comenzar el Juicio sobre la casa de Dios. Por esto muestra Su justicia perfecta al continuar luego con el juicio sobre el mundo entero.
    De este modo hemos aprendido que el período de 70 años referido en la Biblia fue un período literal que se centralizaba en la nación de Israel y Jerusalén. Sin embargo, este juicio sobre Jerusalén fue un cuadro definido o representación del juicio de Dios sobre las iglesias y congregaciones durante la Gran Tribulación que inmediatamente precede al fin del mundo.
    En otro sentido, Jeremías 25 y los 70 años están total y solamente enfocados en nuestros días. Esto es así porque en el año 539 A.C., que fue cuando terminaron los 70 años, todo el mundo no sufrió el juicio. Por tanto, cuando hallamos alguna referencia en la Biblia a este período de 70 años, podemos saber que el enfoque principal, y a veces el único enfoque, está sobre la Gran Tribulación de nuestros días.
    Hemos examinado cuidadosamente tres pruebas que muestran que el libro de Jeremías concierne íntimamente a nuestros días. En el proceso de establecer estas pruebas, también hemos aprendido por qué Dios efectúa el juicio final del mundo comenzando con las iglesias y congregaciones de nuestros días. A través de todo este estudio, aprenderemos mucho más

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acerca del juicio.
    Puede notarse que el libro de Jeremías concierne tan intensamente a nuestros días que un estudio de versículo por versículo de muchos de sus capítulos casi provocaría la conclusión de que es el periódico de este día. Ya hemos visto una sugerencia de esto cuando bosquejábamos las tres pruebas de que el libro de Jeremías se identifica con las iglesias y congregaciones de nuestros días.

Dios Nos Instruye a Examinar el Libro de Daniel

    La Biblia nos da prueba adicional de la enseñanza de la Gran Tribulación y su impacto terrible sobre las iglesias y congregaciones del final de los tiempos. Esto está establecido por el lenguaje de Mateo 24:15, 16. Allí Dios declara:

Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes.

    Estos versículos indiscutiblemente conciernen a la Gran Tribulación de la cual hemos estado hablando con todo detalle. El versículo 21 nos asegura que así es, porque leemos allí:

porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.

    Sin embargo, en el versículo 15, Dios nos lleva al libro de Daniel. El versículo 15 declara:

Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)

    Mediante este versículo, Dios nos está instruyendo a ir al libro de Daniel para aprender más del período de la Gran Tribulación. En el libro de Daniel, hallamos prueba adicional de que la Gran Tribulación sucede al final del tiempo. Esto es enseñado por Daniel 12:8-10:

Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas? El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. Muchos serán

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limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán.

    También descubriremos que el libro de Daniel señala hacia otras profecías de la Gran Tribulación que están registradas en el Antiguo Testamento.

La Abominación Desoladora

    Cuando vamos al libro de Daniel, tenemos que encontrar los versículos que se relacionan con Mateo 24:15. Las frases clave son “la abominación desoladora” y “en el lugar santo”.
    Dos versículos en el libro de Daniel se identifican con estas frases. La primera es Daniel 11:31, donde leemos:

Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora.

    En Daniel 11:31 la Biblia está profetizando concerniente a un tiempo cuando el santuario de la fortaleza sería contaminado, y el sacrificio sería quitado, y reemplazado por la abominación desoladora. Sabemos que el santuario de la fortaleza debe estar donde Dios es adorado. Es aquí donde el sacrificio contínuo y los candelabros contínuos están siendo utilizados para el servicio a Dios. El único lugar que puede tenerse en consideración aquí es el templo. Pero de acuerdo a este versículo, en cierta fecha futura, la adoración de Dios sería reemplazada por la abominación desoladora.
    Mateo 24:15 nos instruye acerca de que este evento espantoso debe identificarse con la Gran Tribulación que llega precisamente antes del fin del mundo. También aprenderemos que Daniel 12 dará mas pruebas de que esto sucede en el fin del mundo.
    ¿Pero, por qué la Biblia nos dice que miremos el libro de Daniel, concerniente a la abominación desoladora, en el lugar santo? Acabamos de sacar la conclusión de que el lugar santo debe ser la misma entidad que el santuario de la fortaleza donde el sacrificio y candelabros contínuos estaban ardiendo. De esta manera, podemos saber que el lugar santo es el templo porque, como hemos aprendido, allí es donde los creyentes verdaderos ordinariamente se encuentran. Es allí donde el Espíritu Santo está presente.

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    Cerca del final del tiempo, el templo del cual Dios habla es el cuerpo externo físico de creyentes, tal como se encuentran en las iglesias y congregaciones. Mientras que las iglesias no ofrecen sacrificios diarios, deberían tener un candelabro diariamente o contínuamente, dando la luz del Evangelio al mundo. Ellos, sin discusión, son el único lugar santo que puede tenerse en mente. Es la iglesia local a la que se le ha dado la Biblia junto con la comisión de enviar el Evangelio a todo el mundo. Pero de Daniel 11:31, el sacrificio contínuo será quitado cuando la abominación desoladora es puesta. Esta información concuerda con lo que ya habíamos aprendido, concerniente al hecho de que durante la Gran Tribulación, el Espíritu Santo ya no estaría en medio. Es decir, el candelero será quitado de las iglesias y las congregaciones. Además, Satanás estará reinando en las iglesias. El es la misma esencia de la desolación.
    También hay otra referencia en el libro de Daniel que habla de la abominación de la desolación en el lugar santo. En Daniel 12:11, leemos:

Y desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días.

    Cuando examinamos esta referencia a la abominación desoladora, registrada en el libro de Daniel, hay mucho más que podemos aprender acerca de la Gran Tribulación. En primer lugar en este versículo, hay una referencia de tiempo. La referencia de tiempo es 1290 días. ¿Qué tiempo podría ser este?

Las Profecías de Daniel No Deberían Entenderse Sino Hasta el Fin del Tiempo

    Para comenzar, existen conclusiones a las cuales podemos llegar rápidamente. La primera es que una comprensión del tiempo que se tiene aquí en consideración no debería entenderse sino hasta muy cerca del fin del mundo. Podemos saber que esto es cierto a causa del contexto en el cual está colocado Daniel 12:11. Los versículos 8 al 10 registran lo siguiente:

Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas? El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán.

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Dios tiene un horario para revelar la comprensión de la verdad registrada en la Biblia.

    Dios tiene un horario para revelar la comprensión de la verdad registrada en la Biblia. Todo lo que la humanidad ha de aprender de Dios antes del fin del mundo está registrado en la Biblia. Sin embargo, no podemos entender el significado del relato Bíblico a menos que Dios abra nuestros ojos espirituales.
    De esta manera, por ejemplo, aunque Jesús repetidamente dijo a sus discípulos que sería muerto y que se levantaría otra vez, ellos no entendieron nada de esto, hasta después que Jesús había resucitado de los muertos (Vea Lucas 19:31-34).
    El mismo principio es cierto concerniente a los eventos del fin del tiempo. Daniel 12:8-10 está revelándonos que la naturaleza de los eventos del fin del tiempo no serán entendidos hasta que el mundo esté muy cercano a su fin. Este es el tiempo cuando nuestro conocimiento de los eventos del final de los tiempos será grandemente aumentado.

Un Día Igual a Un Año

    La segunda conclusión que podemos sacar de nuestro deseo de entender Daniel 12:11 es que los 1290 días no pueden tratarse de días literales. Una investigación cuidadosa de la Biblia no revela ningún período de tiempo entre dos eventos o concerniente a la duración de un evento que iguale los 1290 días literales. Aprenderemos que los 1290 días se están refiriendo a 1290 años. Pero tenemos que justificar la conclusión de que la palabra “día” es una referencia velada para un período de un año. Algunos ejemplos de esta sustitución se pueden hallar en la Biblia.
    En Ezequiel 4 el profeta Ezequiel es mandado a tomar ciertas acciones durante períodos de días que representan años. Por ejemplo, el versículo 6 registra esto:

Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado derecho segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días; día por año, día por año te lo he dado.

    En Números 14:34 Dios está utilizando la misma substitución de un día por año, como lo declara a Israel:

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Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo.

    En Apocalipsis 11 leemos de los dos testigos estando muertos por tres días y medio (Apocalipsis 11:9 y 11). Este período es el mismo período del cual se habla en Apocalipsis 11:2, donde Dios indica que la ciudad santa sería hollada por cuarenta y dos meses. Cuarenta y dos meses es igual a tres años y medio. Los tres días y medio son el mismo período de tiempo que los 42 meses (tres años y medio). De esta manera, Dios está igualando un día con un año.
    Además, cuando buscamos en la Biblia eventos asociados con la idea de 1290 años, aprendemos que estamos correctos al substituir la palabra año por la palabra día.
    Por la misericordia de Dios, en este tiempo de la historia cuando estamos tan cercanos al fin del mundo, se nos ha dado comprensión precisa concerniente al calendario de la historia. (El lector está invitado a ponerse en contacto con Family Radio y pedir el libro “¿Adán Cuándo?”, que destaca el Calendario Bíblico de la Historia). Sin un calendario muy exacto, nadie podría entender los 1290 días (años) de que se habla en Daniel 12:10.

Dos Eventos Históricos Importantes Están Separados por 1290 Años.

    Una búsqueda en el calendario de la historia de la tierra revela que hay dos eventos históricos, ambos identificados con la Gran Tribulación, que están separados exactamente por 1290 años.
    El primer evento es el de Jacob y su familia entera, siendo dirigidos por Dios para entrar en Egipto, para escapar de los siete años de escasez y hambre que sucedió “por toda la extensión del país” (Génesis 41:56). De este evento se habla como una gran tribulación en Hechos 7:11, el cual declara lo siguiente:

Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos.

    Sírvase notar el hecho de que la experiencia de Jacob, abandonando la tierra de Canaán para entrar en Egipto, es llamada “grande tribulación”. De esta manera, Dios indiscutiblemente está poniendo a la par la experiencia de Jacob, con la Gran Tribulación del final de los tiempos.

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    El tiempo de este evento tan traumático fue el año 1877 A.C. Si este evento ocurrió al principio de un período de 1290 años, ¿cuál evento fue espaciado exactamente por 1290 años después de aquél? El año 1877 A.C. menos 1290 años nos llevan al año 587 A.C.
    Este primer evento que se llevó a cabo en el año 1877 A.C. es llamado “gran tribulación”. Fue un dramático retrato histórico de la Gran Tribulación de Mateo 24. También hemos aprendido que hubo un dramático evento histórico que ocurrió en el año 587 A.C. que es completamente paralelo a la Gran Tribulación de nuestros días.
    El año 587 A.C. fue el año preciso cuando Jerusalén y el templo fueron totalmente destruidos por los Babilonios y al remanente le fue ordenado ir como cautivos dentro de Babilonia. La nación malvada, Babilonia, encabezada por su rey, llegó a ser gobernadora de Jerusalén y de toda Judea. Debido a que el templo fue destruido, ya no hubo más lugar Santísimo. Jerusalén llegó a ser ocupada por la abominación desoladora. Nosotros, por lo tanto, estamos seguros que esos dos eventos tienen que identificarse con la profecía de Daniel 12:11.
    Pero Mateo 24:15-21, en el cual Dios nos dio la indicación de ir al libro de Daniel, está hablando de la Gran Tribulación que ocurrirá, como último evento mundial antes que llegue el fin del mundo. ¿Existe una relación de 1290 años entre las grandes tribulaciones de los años 1877 A.C. y 587 A.C. con la Gran Tribulación de que se habla en Mateo 24?

Un Tercio, Dos Tercios

    ¡Sí, existe! Podemos ver esto cuando examinamos un principio que Dios usa al traernos la verdad Bíblica. Ese es el principio de las relaciones de “Un Tercio, Dos Tercios”. Esto se ve, por ejemplo, en Zacarías 13 donde Dios simbólicamente divide a los pueblos del mundo en dos fracciones. Los salvos del mundo son identificados con la fracción “un tercio”. Los no salvos son identificados con la fracción “dos tercios”. En Zacarías 13:8, 9 leemos:

Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que las dos terceras partes serán cortadas en ella, y se perderán; mas la tercera quedará en ella. Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios.

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    Otra ilustración relaciona tres eventos importantes por medio de estas mismas fracciones. En I Reyes 6:1, leemos:

En el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová.

    Israel saliendo de la tierra de Egipto representa el plan de salvación de Dios. Dios declara: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. (Exodo 20:2). Es decir, Yo soy Jehová quien te ha salvado. Esta representación física de la salvación ocurrió 430 años después del tiempo cuando Jacob fue a la tierra de Egipto (Exodo 12:40, 41). Era el año 1447 A.C.
    De acuerdo a I Reyes 6:1, fue exactamente 480 años más tarde, es decir, 480 años después del 1447 A.C., el año 967 A.C., cuando Salomón comenzó a construir el templo. Hemos aprendido que el templo del Antiguo Testamento era una representación de las congregaciones e iglesias del Nuevo Testamento. También era una representación de Cristo mismo. Recuerde que El dijo a los Judíos: Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. (Juan 2:19).
    ¿Cuándo vino Jesús (el templo espiritual), a esta tierra para ser el templo? Si bien es cierto que no tenemos prueba absoluta de que Jesús nació en el año 7 A. C., todas las evidencias circunstanciales señalan al año 7 A. C. como el año de su nacimiento. Y el año 7 A. C. es exactamente 960 años después que la fundación del templo de Salomón fue colocada en el año 967 A.C. Así, el período total desde la salida de Egipto en el año 1447 A.C. hasta el nacimiento de Cristo en el 7 A.C. es de 1440 años. El período de 480 años es “un tercio” de estos 1440 años. Los 960 años son “dos tercios” de estos 1440 años.

“Un Tercio, Dos Tercios” Nos Llevan a la Gran Tribulación

    Cuando examinamos cuidadosamente las grandes tribulaciones de la Biblia a la luz de este principio de “un tercio, dos tercios”, descubrimos que el año 1994 D.C. armoniza perfectamente dentro del plan de Dios. El año 1994 es 2 veces 1290 años después del año 587 A.C., el cual fue el año cuando ocurrió la total destrucción de Jerusalén y del templo.
    Miremos por un momento la aritmética:
    Debemos agregar 587 a 1994 y restar 1, debido a que no existe el año

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0, al contar desde años A.C. hasta años D.C. Así, vemos que 587 + 1994 - 1 = 2580 años = 2 x 1290 años.
    De esta manera, el período total desde la gran tribulación que Jacob experimentó en el año 1877 A.C. hasta 1994 D.C. es 1877 + 1994 - 1 = 3870 años.
    Los 1290 años desde 1877 A.C. hasta el 587 A.C. es “un tercio” de estos 3870 años.
    Los 2580 años desde 587 A.C. hasta 1994 D.C. es “dos tercios” de estos 3870 años.
    El hecho de que en el año 1994 ya existía gran evidencia que el tiempo de la Gran Tribulación está aquí, nos convence de que hemos aplicado correctamente el principio de “un tercio, dos tercios”. Podría notarse que este mismo principio “un tercio, dos tercios”se ve, comenzando con la gran tribulacion de 1877 A.C., cuando Jacob y su familia entraron en Egipto. Precisamente 430 años después que Jacob llegara a Egipto, ese período de tribulación llegó a su fin. Eso sucedió cuando Israel salió de Egipto en el año 1447 A.C. Exactamente 860 años más tarde (2 veces 430) Israel otra vez entró en gran tribulación cuando Jerusalén y el templo fueron destruidos en el año 587 A.C.
    El año 1877 A.C. fue el año oficial cuando Israel (Jacob y familia) dejaron la tierra de Canaán para ir al malvado mundo de Egipto. Pero este también fue el año cuando quedaron bajo el cuidado y protección de José, quien pudo proveerles con alimento suficiente. Fue el año cuando terminó la primera fase de la escasez de siete años.
    El año 587 A.C. fue el año oficial cuando Jerusalén fue destruido, lo cual terminó la primera fase de los 70 años de tribulación de aquellos días.
    Entonces, de modo similar, podríamos concluir que el año 1994 fue el año oficial del fin de la Era de la Iglesia, lo cual terminó la primera fase de la Gran Tribulación. Esta primera fase fue tipificada por los 42 meses simbólicos de Apocalipsis 11:2, durante los cuales la ciudad santa fue pisoteada y los simbólicos tres días y medio durante los cuales los dos testigos yacieron muertos en las calles (Apocalipsis 11:9), y el período literal probable de 2300 días de Daniel 8:13, 14 durante el cual el santuario y el ejército fueron pisoteados. Esto también indicaría que terminó la media hora de silencio en el cielo, del cual se habla en Apocalipsis 8:1. Este, por lo tanto, también sería el año oficial del comienzo de la estación de la lluvia tardía.
    Esta información concerniente al principio de “un tercio, dos tercios” nos ayuda más a ver los paralelos que existen entre las dos grandes tribulaciones históricas (1877 A.C. y 587 A.C.), y la Gran Tribulación de nuestros días.
    Muchas lecciones pueden aprenderse al examinar estos dos grandes

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eventos históricos que deberán de ayudarnos grandemente a entender el tiempo presente de tribulación, y cómo los creyentes debemos relacionarnos con ésta. Por consiguiente, al continuar este estudio examinaremos algunas de las lecciones más importantes que Dios nos está enseñando.

La Posición Preteritista

    Antes de continuar nuestro estudio, tenemos que examinar la controversia de quienes insisten que la enseñanza de Mateo 24 concerniente a la destrucción del templo fue totalmente cumplida en el año 70 D.C. En ese año, Tito el Romano, destruyó completamente Jerusalén. Su controversia, por tanto, es que no debemos considerar a Mateo 24 o cualquier otro capítulo de naturaleza similar para ayudarnos a comprender los eventos en la iglesia o en el mundo al acercarse el final del tiempo. Esta es teológicamente llamada la posición Preteritista. Pretérito significa simplemente aquello que ya ha pasado. La posición preteritista fue sostenida por muchos teólogos en años pasados.
    Cuando examinamos cuidadosamente Mateo 24, sabemos que la posición preteritista no es posible. Veamos por qué esto es así. Mateo 24:1-2 declara lo siguiente:

Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.

    Mientras que es cierto que el templo fue derribado en el año 70 D.C., no es cierto que no haya quedado piedra sobre piedra. La actual muralla occidental junto con el fundamento del templo todavía existen. Estas estructuras fueron partes esenciales de los edificios del templo.
    En segundo lugar, en Mateo 24:3, Jesús nos señala el tiempo del cumplimiento de esta profecía, cuando deja registrada una pregunta de sus discípulos. Leemos:

Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?

    Definitivamente, este versículo nos señala hacia el fin de los tiempos para el cumplimiento de esta profecía.

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    Además, el versículo 15 llama nuestra atención hacia la abominación desoladora, de la cual habló el profeta Daniel. Cuando seguimos esta señal, ésta nos lleva hacia el fin del tiempo, como aprenderemos en este estudio.
    Adicionalmente, el versículo 21 habla de una gran tribulación la cual no ha habido desde el principio de este mundo. Luego, los versículos 29 y 30 nos dicen que la Gran Tribulación será seguida inmediatamente por la destrucción del universo y el regreso de Cristo.
    De esta manera, debemos entender que la así llamada posición preteritista no tiene validez Bíblica ninguna. Debemos entender que el capítulo entero está hablando de la Gran Tribulación y del fin del mundo.


CAPÍTULO 9